sábado, 19 de diciembre de 2009

Grandes Momentos del Año (2009)

El año esta apunto de terminar, y aprovechando el blog, voy a hacer recuento de algunos de los momentos más destacables del año. Seguro que me dejo muchos otros más pero como siempre se puede editar, ya iría añadiendo si me viniesen a la mente. He destacado unos pocos especialmente, aunque hay algunos que no los podría identificar en algún momento en concreto, ya que se han repetido a lo largo del tiempo en varias ocasiones.

-Triple Cumpleaños: La verdad es que fue una sorpresa en toda regla lo de la caja con las fotos, y los regalos además. A pesar de que la sangría y la cerveza no me dejaron seguir el juego como marcaban las pautas, la alegría y la emoción fueron inigualables. De nuevo agradezco a todos los que asistieron a la cena y que colaboraron para que hubiese buen rollo en La Lobera y en Pacha. También agradecer a mis amigos Catarojenses que el día de mi cumple también me sorprendieron con unos regalos que me venían al pelo además, como se notaba la mano de Amanda.

-Riviera Maya: Todo el viaje en sí fue un momentazo. Una experiencia única e inolvidable, aparte de por las grandes mañanas tardes y noches de fiesta y las excursiones, por los compañeros de viaje que tuve. A destacar el momento Coco Bongo, la primera borrachera en la piscina, los momentos Juanmi, las mañanas en la playa, las degustaciones de cubatas etc. Innumerables.

-Laser: Momento a destacar, aparte porque fue la despedida de una grande como Lourdes, por lo bien que nos lo pasamos con ese juego. Por desgracia este año no volveremos a introducirnos en ese laberinto de risas y carcajadas, en la que Irene, otra grande, se ensañó conmigo en la segunda tanda. Más no me pude reír.

-Benidorm: Una escapada de tres noches con mi hermano y otro grande de las noches Valencianas, mejor dicho las noches metálicas de L´Horta. Fueron tres días en los que ocupamos el lugar que había dejado la crisis en la Zona Guiri con nuestra imponente presencia. Las cogorzas estaban a la orden del día. Pero sin duda los momentos Lluis, fueron sublimes especialmente estos:

-Momento autoestima: Cóm anem a trovar novia tu i jo (refiriéndose a mi) si som mes lletjos que Garró? “Cómo vamos a encontrar novia tu y yo si somos más feos que Garró?”

-Momento Ultimo Combate: La banda sonora de esta gran película de Dragon Ball, lo fue también de nuestro viajito a Benidorm. Quizás el momento cumbre fue cuando el bueno de Lluís, abrió nuestra puerta desde dentro, ataviado solo con unos calzoncillos y con una fregona en la mano. Con la BSO del Último Combate en el fondo, y dejándose llevar por sus ritmos de guitarra, se bajo los calzoncillos y empezó a fregar la puerta de enfrente, donde supuestamente se hospedaban unas extranjeras a las cuales no vimos en ningún momento. No me reía tanto desde hacía siglos.

-Conversaciones múltiples: Grandes noches en el msn nos ha deparado este año sobretodo cuando nos juntábamos unos cuantos y nos reíamos simplemente del hecho de no entender de que iban las distintas conversaciones que se iban fusionando. Ahí, si pestañeas si que te lo pierdes.

-Inauguración Piso: Tanto la fiestecilla de inauguración del piso de nuestras grandes amigas , como en el cumpleaños de dos de ellas, nos lo pasamos genial todos, imperó el buen ambiente, las risas, mucha y muy buena comida y dio por comenzada una nueva era de buenrollismo que espero que dure lo máximo posible.

Aunque falte algo todavía para que acabe el año, desear felices fiestas a todo el mundo y que lo pase lo mejor posible con sus seres queridos (me ha quedado muy navideño pese a que no soy especialmente devoto de la Navidad)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cobrafantas


Tal y como prometí, aquí esta la segunda parte de los Pagafantas. En este caso toca repartir estopa a la otra parte, los “cobrafantas” o “consumenfantas”. La existencia del Pagafantas implica inequívocamente la de otra persona, en este caso el presunto verdugo de éste al no corresponderle en ese algo tan complicado como es el amor. De hecho es muy posible que el “Cobrafantas”, o “Consumefantas” por aquello de ser el potencial invitado, sea el que cree al propio Pagafantas ya sea consciente o inconscientemente.

En la película del mismo nombre, y que ya comenté en su momento, la chica de la que se enamora el protagonista, sería una Cobrafantas, en este caso, una despistada total, al no darse cuenta de que éste estaba perdidamente enamorado de ella, y al considerarlo como un primo-hermano. Como alternativa a los Cobrafantas, antes de aprovecharse de estos seres, lo ideal sería dejar las cosas bien claras desde un comienzo para no crear falsas expectativas. Existen varios tipos de Cobrafantas, si bien utilizo el género neutro (no concreto si son macho u hembra), el hecho de que en un porcentaje más elevado, los Pagafantas sean chicos, significa que quizás (no hay estudios al respecto) los Cobrafantas sean, en su mayoría, chicas. Aunque cómo siempre digo, no hay que generalizar.

A continuación una lista de los diferentes tipos:

-Despistado parcial: Es consciente de que le puede gustar al Pagafantas de turno, pero trata de ignorar este hecho, haciéndose el despistado. Simplemente trata de no pensar mal (o bien) imaginándose que la otra persona va con él a todas partes o se muestra muy amistoso, queriendo sólo amistad.

-Despistado total: Vive en la ignorancia más absoluta. No es capaz ni de plantearse la más mínima posibilidad de que está al lado de un auténtico Pagafantas.

-Vendedor de humo: Se trata de aquél que manda señales falsas de que quiere algo con el Pagafantas, incrementando las esperanzas de este último. Por ejemplo, insistir en quedar para tomar algo, hacer comentarios sobre lo buen novio que sería el Pagafantas, resaltar su belleza… En fin, todo un repertorio de palabrería barata que puede estar acompañado por lenguaje no verbal que puede llevar a equivocación, incluso puede evolucionar hasta la siguiente fase, el calienta-genitales. Y es que no está de más dejar claro que, pese a las señales falsas, el vendedor de humo sólo quiere amistad.

-Calienta-genitales: Cómo se ha comentado anteriormente, se trata de una evolución del vendedor de humo. Cuando ya se cruza la línea de la provocación, exaltando los atributos físicos de manera fehaciente, arrimándose más de lo normal, y hay un contacto físico más que evidente, se llega a la conclusión de que el Pagafantas tiene un límite, y es que no todos somos de piedra, cómo aquél que dice. Sin embargo los calienta-genitales ignoran este hecho y disfrutan provocando y haciendo sufrir a la persona con la que no quieren nada más que amistad.

-Aprovechado: Quizás sea la contrapartida al Pagafantas Originario, ya que si hay alguien dispuesto a “pagar las fantas” de otra persona, es que hay otra persona dispuesta a aprovecharse de esta situación y bebérsela. No hace falta que haya una transacción económica de por medio, y es que muchos aprovechados requieren de la atención y la compañía constantes del Pagafantas, que a veces vale más que lo material. También se podría considerar como la antítesis del Pagafantas-chofer, ya que sin duda aprovecharse de que fulanito tiene coche o moto y el Aprovechado no, para poder desplazarse a los antros o lugares de turno, está a la orden del día.

-Súcubo: Es la contrapartida al Pagafantas de Máximo Nivel. Los relatos vampíricos hablan del Súcubo como un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los hombres, sobre todo a los sensibles e incluso a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías, para tener relaciones sexuales con ellos. De esta manera, absorben la energía del hombre para mantenerse, y a menudo, llegan hasta tal punto, que los enferman con distintas dolencias físicas y espirituales, y hasta pueden dejarlo agotado o incluso matarlo. Efectivamente, los Cobrafantas-Súcubo, absorben el tiempo y el dinero del Pagafantas, hasta tal punto de que necesitan de su presencia para hablar, caminar, contar secretos, ir de compras, rajar de la gente, ir a las discotecas, al cine, incluso dormir en el mismo habitáculo, absorbiendo completamente al Pagafantas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 VI

Después de la Fiesta Blanca, y de que Juanmi nos demostrara sus habilidades como torero, quitándose la camiseta al compás de la canción de Chayanne, y dando diversos pases, llegamos totalmente reventados a la habitación. Al día siguiente, nos levantamos Javi y yo antes, para ver si el desayuno en el restaurante “español” era diferente. Apenas había cambios con respecto al mexicano del día anterior, quizás unas variedades de zumo más, uno de los cuales estaba extremadamente amargo.

La mañana y la tarde transcurrieron entre la piscina y la playa, con sesión de fotos a cargo de Ramón y servidor. En la piscina entablamos las primeras conversaciones con gente ajena al viaje, en este caso, con estudiantes del CEU, sobretodo con Kielo, un clón de Lenny Kravitz que Javi conocía de vista, Ali, Carol y Clara. A dicha gente, que vino un día después que nosotros, les dimos los consejos pertinentes, como si fuésemos unos auténticos guías turísticos de la zona. Javi y Juanmi también nos comentaban que habían conocido a unas británicas, pero que al final todo quedó en una deprimente lección de ingles delante de unas scotish girls. Aunque no estaba presente cuando pasó eso, me imaginé la situación, y es que el inglés hoy en día es imprescindible hasta para el trasteo.

Al caer la noche también entablamos amistad con nuestras simpáticas vecinas, Lorena, Gema y Mara, las cuales nos dijeron de ir a cenar, cosa que aceptamos para no ir solos por el hotel como si de dos parejas de gays se tratase. Fuimos de nuevo al “español”, y allí me reí bastante con Javi y su conversación con una de las camareras que servía los plátanos flameados, comentándole a ésta que eso iba a “sentarle de veneno” a lo que ella respondió que se trataba de un hechizo para enamorar al de Torrente. Más tarde, las vecinas sacaron la baraja y se decidió por jugar al Chinchón, juego del cuál el propio Juanmi se enorgullecía de ser el Rey. Dicho título de Rey del Chinchón quedó en evidencia. Nos retiramos pronto a nuestros aposentos ya que el día siguiente era el de la primera excursión: Chichen Itza.

A las 6 de la mañana, en pie para coger el autocar que nos llevaría a la Península del Yucatán, donde se encuentran estas ruinas Mayas. Hay que decir, que desde el hotel nos decían que contratar las excusiones fuera, era peligroso, porque iríamos en autocares incómodos, sin aire acondicionado, en fin, un cuchitril…sin embargo el autocar estaba al mejor nivel. El viaje a las pirámides iba a ser largo, de unas 3 horas, con lo que tuvimos que hacer una parada en una especie de tienda de souvenirs en medio de la nada, donde absolutamente todo se tenía que regatear. Teníamos media hora para comprar, mear (unos servicios tercermundistas) y estirar las piernas. Sin embargo Juanmi no se decidía en cuanto a sus compras.

Su devaneo de sesos se prolongó hasta tal punto, que nos subimos todos al autocar para proseguir nuestro camino a las famosas ruinas, y el único que faltaba por subirse era el, además con una tardanza más que reseñable, poniendo nerviosos a los compañeros, al monitor y sobretodo a nosotros (que ya habíamos tomado asiento ignorando al crack y que parecíamos sus tutores legales). Finalmente el guía bajó del autocar buscando al propio Juanmi, que subió entre nuestros gritos y una ovación sarcástica por parte de los compañeros.

Finalmente llegamos a Chichen Itza, en cuya entrada nos avasallaban unos niños para que comprásemos pañuelos, intentando timarnos eso si. Al entrar, notamos el calor terrible que caía sobre nuestras cabezas. Incluso Ramón tuvo que ponerse la camiseta al más puro estilo Lawrence de Arabia. Las pirámides y los restos arqueológicos, majestuosos. No era para menos tratándose de una de las Nuevas Maravillas del Mundo. El guía nos comentaba que los aros que podíamos encontrar en diversos sitios formaban parte de un juego de pelota, en el que el ganador, tenía que ofrecer al Diós su vida como tributo, muy curioso. También nos explicaron, ahora que está tan de moda, que la posición de la pirámide de Kukulcán, la más famosa, con respecto al Sol, servía para poder prevenir el tiempo y las estaciones, y que algunos chamanes lo utilizaban para predecir acontecimientos venideros. De ahí que se considere el calendario Maya uno de los más perfectos, sin la presencia de ninguna tecnología sabida.

Por otro lado, hicimos una especie de experimento, en el que teníamos que aplaudir todos al unísono de cara a la pirámide, y al hacerlo surgía un eco un tanto particular, supongo que se debería a la acústica del sitio, y no despertamos a una enfurecida deidad que nos intentaría contagiar con la venidera Gripe A…Una vez, acabaron las explicaciones fuimos todos por libre, intentando aguantar un calor inimaginable. Cuando ya nos disponíamos a partir de dicho lugar, el bueno de Juanmi de nuevo hizo de las suyas, no contento con el show de antes. Y es que se encontró con un vendedor de humo, que le intentó encasquetar unos totems de madera, seguramente robados, a “precio de saldo”. Ni que decir que no nos esperamos a que negociara con dicho timante, dejándolo atrás y subiendo al autocar.

Una vez finalizada la visita a Chichen, fuimos a comer a un buffet en el que sólo teníamos que pagar la bebida, todo un detallazo, aunque ya iba con el precio de la excursión. Con la comida en el buche, fuimos a ver un precioso cenote, es decir, un lago subterráneo. La verdad es que antes de bajar no había muchas ganas ya que estábamos muy cansados y además no llevábamos bañador, sin embargo al bajar y ver esa maravilla, nos tiramos de cabeza al lago con calzoncillos incorporados (al menos yo). La temperatura era de de ensueño y el paraje también, totalmente impresionante, como si de una pantalla de Tomb Raider se tratase.

El siguiente destino era la ciudad de Valladolid, con una iglesia bastante interesante a la vista, pero hubo dos cosas que nos impactaron más. Por un lado, la manera de intentar que el turista compre, ofreciendo chupitos de tequila para ponernos a tono, cosa que consiguieron (incluso con una botella de tequila con un gusano de fermentación dentro), y por otro lado el niño que cantaba rancheras junto a un grupo de mariachis en nuestro autocar cuando nos subíamos para volver al hotel. Un largo viaje de vuelta nos esperaba.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 V

En recepción, nos aguardaban todos los compañeros de viaje, algunos con la resaca propia de la batalla alcohólica vivida un par de horas antes. Mientras Javi me advertía sobre el mal estado de mi pelo, recibía un aviso de Vodafone en el que me incitaban a cambiar la tarifa, cosa que acepté. Sin embargo me di cuenta de que me aparecía un símbolo extraño, como si estuviese enviando un SMS todo el rato, cosa que al principio puso la semilla de la intranquilidad en mi, por si luego recibía una factura kilométrica. En el trayecto del autocar, se nos pasó un poco la modorra, y al fin llegamos a Playa del Carmen. Tras un paseo por las calles, sobretodo, por las más comerciales, vimos a un Juanmi que se compró el sombrero típico mexicano por una cantidad bastante elevada, y una cola tremenda en la agencia en la que íbamos a contratar nuestro viaje.

Cuando nos tocó el turno y una vez visto que el precio de las excursiones era, efectivamente, más bajo que en el hotel, procedimos a la contratación y al pago. Hay que decir que la agencia consistía en un local bastante pequeño, de unos 30 metros cuadrados, y para contratar, tenían montado en la calle un chiringuito, como el del típico vendedor de perros calientes, sin caja, ni nada por el estilo. La verdad es que si no fuera porque los organizadores nos habían dicho que era de confianza, tenía un tufazo a timo tremendo. En cambio, la cutrez del sitio nos favoreció, ya que contratamos dos excursiones cada uno (Chichen Itza y Coba), por cuatro que éramos, un total de ocho pagos los que teníamos que hacer. Empezamos a hacer cuentas y a ir pagando los viajes.

El tendero nos dio los resguardos de los viajes pagados, en el que se especificaba la hora a la que pasarían a recogernos. Sin embargo, con todos los resguardos en nuestro poder, y habiendo pagado sólo tres de nosotros, Ramón, hábilmente le dijo al tendero que ya estaba todo, a lo que el del chiringuito nos dijo que si. En definitiva que contratamos las excursiones para los cuatro, pero en realidad habíamos pagado como si fuéramos tres los excursionistas. Un “cuatro por tres” que nos benefició a todos, ya que tuvimos las excursiones, posiblemente, más baratas que nadie. Y es que, con tanto barullo de gente, sin caja registradora, y con un calor infernal, normal que el propietario de la agencia estuviese confundido cual Dinio.

Como vino tanta gente a contratar el viaje a esa agencia, con la consiguiente cola milenaria, y el autocar que nos había llevado a Playa del Carmen ya se había ido, teníamos que llamar a un Taxi para volver. No nos costó encontrar uno, ya que al ser una zona turística, abundaban. Lo que más me llamó la atención fue que no llevaban taxímetro, con lo que te podían cobrar lo que les diese la gana. Aunque fuimos avisados de que al subirse al taxi de turno, teníamos que acordar el precio, finalmente no lo hicimos quizás por lo contentos que estábamos tras el “cuatro por tres”. Durante el trayecto vimos el Coco Bongo, al que iríamos unos días más tarde, y el estilo de residencias de la ciudad, con casas muy pobres en contraste con chaletazos de alto standing. Me recordaba a los barrios marginales de Los Ángeles en algunas películas.

El taxista, muy joven, no nos dirigió palabra, pero si que nos puso música reggetonera y de estilo latino, que no conocíamos por estos lares, en la que se hacía referencia a un chico que no le cogía el “celular” a la chica, o viceversa. A la llegada al hotel, pagamos 10$ al taxista, un precio más que razonable, teniendo en cuenta que igual en Valencia nos hubiesen clavado unos 15€.

A lo largo del día, habíamos sido avisados de que a la noche nos iban a hacer una “Fiesta Blanca” de bienvenida para nosotros. Realmente antes de partir de viaje, lo habíamos tenido en cuenta, y trajimos ropa para la ocasión. Lo que no sabíamos era el día en que se celebraba. Llegamos al hotel, nos duchamos y aseamos, pero mientras Ramón estaba en la ducha, y Javi y yo nos estábamos afeitando, escuché que Juanmi llamaba a Javi. Poco antes de esto, también oía el ruido de las teclas de la caja fuerte, pero no asociaba dicho sonido, más continuado, al de pulsar una simple tecla. Me temí lo peor. Cuando Javi fue a ver que era lo que quería Juanmi, se confirmaron todas las sospechas: El único que tenía la clave de la caja fuerte apuntada, puso mal el código. Además para que se bloqueara, había que poner el código tres veces mal, cosa que pasó esta vez.

La caja se quedaría bloqueada durante 30 minutos, pero necesitábamos dejar la documentación antes de que pasara esa media hora, ya que teníamos que acudir a la Fiesta Blanca. No recuerdo si esa misma tarde-noche u otra, el crack de Manisses también había hecho de las suyas, perdiendo la llave del candado de su maleta. Con lo que tuvo que avisar a un operario del hotel para que acudiera con una cizaña y procediese a destruir el candado. Lo de la caja enfureció de tal manera, y con razón, a Ramón, que se escuchaban los gritos desde la ducha y su famosa frase “eres cuomo tonto pero sin la u”.

Para rematar la faena, mientras yo disfrutaba de una minisiesta, vino el operario para abrir la caja fuerte, y tal y como nos habían comentado, las propinas estaban a la orden del día. El currante, se quedó allí comentando que era muy tarde para ellos, cuando en realidad quería decir “dadme la propina por favor”. Juanmi que era el protagonista del desaguisado, en esos momentos no disponía de caudal monetario para dar propina al chico, cosa que tuvo que hacer Javi en su lugar.

Finalmente acudimos la Fiesta Blanca, de blanco por supuesto. Era en la playa y a pesar de ir en sandalias, la arena era tan fina que no se pegaba a los pies. A la hora de cenar fue un poco caótico ya que en las zonas en las que podíamos sentarnos estábamos demasiado a oscuras, y además yo no tenía el estómago para muchos manjares, después de la bomba atómica del mediodía. La música era la “Typical spanish” de pachanga, aunque también con algunos temas que pegaban por aquella época. La temperatura era muy agradable, con calor, pero no tan asfixiante como durante el día.

Para subsanar su actuación de hacía unos momentos, Juanmi nos dedicó la canción de la Conga, que habíamos comentado en diversas ocasiones. También nos deleito con su exhibición de trasteo, alargando su garra de Gen-an (personaje de Samurai Showdown que posee una zarpa enorme al estilo Freddy Krugger) a todas las chicas que encontraba a su paso con el objetivo de entablar al menos conversación.

De vez en cuando íbamos a sentarnos en los enormes sillones de mimbres de la antesala de la piscina-playa con su música salsera, y cuando todo el pescado estaba vendido fuimos a descansar, ya que el día había sido de lo más completo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 IV


El monitor del Sandos, Tomatito, nos advirtió que dormiríamos muy poco. Desde luego, no se equivocó, ya que a las 6:30 de la mañana del primer día entraban unos destellos de Sol cegadores por el ventanal de la habitación. Desde luego, el cuerpo me pedía levantarme ya, cosa que hice para desplegar un poco la ropa de la maleta. Poco a poco nos fuimos levantando, siendo Juanmi el último en discordia, y es que la tensión del vuelo bien merecía un buen descanso.

También teniendo en cuenta que a las 10 teníamos una reunión en el Salón de Actos para recibir las instrucciones generales y ver qué podíamos hacer tanto dentro, como fuera del hotel (las excursiones). Antes de salir de la habitación nos untamos con la crema de factor máximo que habíamos traído de casa, así como del repelente de mosquitos pertinente. Junto a esto, nos echamos colonia de la barata de Mercadona, bien fresquita y simplona. Desprendíamos un olor sin igual.

Nuestro objetivo era desayunar en alguno de los bufetes, así que fuimos a parar al de estilo mexicano. Sin duda, los mejores desayunos de mi vida los tuve allí, con un surtido de bollería, cereales, zumos, tes, huevos fritos, bacon, pasteles, salsas, etc inigualable. Ni que decir que nos pusimos las botas, aunque en mi primer paseo por el buffete entre en histeria al ver que no estaba el café que necesitaba para circular por la vida. Por suerte, un amable camarero lugareño iba por las mesas cargando las tazas de café. Nunca me había bebido un vasazo de “café solo” tan grande, pero lo necesitaba. Javi empezó a tener cierto malestar estomacal, que acabó en falsa alarma ya que íbamos preparados con una completa para-farmacia a base de Almax y Fortasec. Y es que los mezclaillos a veces no acaban bien. Juanmi se coronó cogiendo un plato grande y cargándolo con trozos grandes de pastel de diverso tipo para disfrute de su paladar.

A continuación pegamos un garbeo por la piscina y la playa, que estaban a escasos metros la una de la otra, aunque no llevábamos la indumentaria adecuada para el baño. La playa, privada, la típica caribeña con arena prácticamente blanca, y con agua cristalina. La piscina, con compañeros del viaje ya tostándose al sol de buena mañana. También nos dimos una vuelta por recepción y nos dimos cuenta de que había una pareja de burros, con los cuales nos hicimos los retratos pertinentes. Y es que a lo largo de todo el hotel, la fauna, aparte de nosotros, era increíble. Desde pavos reales, pasando por iguanas, lagartos, loros y otro tipo de pájaros, burros, etc.

Llegó la hora de la reunión y nos sentamos para ver que nos contaba el personal del hotel. Nos repartieron un folleto con todas las excursiones que podíamos hacer, la variedad era muy alta, ya que aparte de las de carácter cultural como Chichen Itza, había otras como Tulum, Isla Mujeres, excursiones en Jeep, etc. Al final, visto el precio, decidimos ir a tres excursiones, Chichen Itza, Coba y por descontado a una de las mejores discotecas del mundo como es CocoBongo. En cambio, los organizadores del viaje, que contaban con la experiencia del año pasado, nos comentaron la posibilidad de contratar las excursiones en otra agencia de viajes, y no en el hotel, ya que nos podían salir mucho más baratas. Nos dijeron que los que preferíamos esa opción acudiésemos por la tarde para coger un autobús que nos llevaría a Playa del Carmen, el núcleo urbano mas cercano al hotel, para contratar las actividades en una agencia de la zona.

Cómo era todavía muy pronto, fuimos a probar el Spa, con sus baños terapéuticos, y el jacuzzi con su sesión de fotos, con sillitas y trenecitos incluidos, se salió. También probamos los baños turcos y la sauna. Se produjo una anécdota divertida ya que nos salimos del baño turco, que tenía un rincón oscuro, y el bueno de Ramón se quedó dentro. El resto, que estábamos pululando por la zona, escuchamos un grito de susto y vimos a dos compañeras de viaje, que salían de dicho lugar, y es que el crack de Almussafes estaba tranquilamente tomando su baño entre tinieblas y para más inri, en una zona más oscura, lo que provocó que se asustaran las mujeres al descubrir una tercera persona en la habitación. El Spa también tenía un gimnasio, que no pisamos en ningún momento pese a la insistencia de Juanmi y el beneplácito de Javi, que querían quemar las calorías de todos los manjares consumidos y aparte tonificar músculo.

Cuando terminamos con el Spa, nos decidimos por ir a la piscina. Hay que decir que disponíamos de una tarjeta que la podíamos canjear por una toalla, pero si la perdíamos teníamos que pagar 50$. Convenía estar al tanto. En la piscina, vimos que buena parte de los compañeros de viaje estaban allí, amorrados a la barra habilitada para los borrachazos piscineros. Debido a la gran variedad de cocteles y combinados, primero nos decidimos por lo tradicional y conforme íbamos consumiendo más aumentaba la extrañeza y originalidad de los cubatas que nos bebíamos. A destacar el Bananamama y Sex on the Beach, aunque sin duda lo que más subía eran los chupitos de tequila. El mezclaillo fue tan brutal que hasta Juanmi que no se le suele ver borracho iba más que animado, cosa que aprovechamos para salpicarle el vaso con agua de la piscina.

Al final Javi y el de Manisses, se retiraron a tomar el sol y nos quedamos Ramón y yo, con una cogorza de las que hacen época. Y es que el camarero nos ponía en tirela a todos y nos echaba una especie de licor fuertísimo mezclado con tequila, que nos dejaba KO. También nos pusimos a hablar con unas chicas de ADE comentando lo difíciles que eran algunas asignaturas, quedando dicho momento retratado gracias a los paparazzis que estaban intentando ponerse morenos.

Hasta que se nos pasó un poco la borrachera y cobramos algo de conciencia, se hicieron las tantas. Por un momento creí haber perdido la llave de la habitación, pero todo fue fruto del alcohol, así que al final apareció en lo más profundo de mi mochila. Comimos en el Snack Bar, deprisa y mal, saludando a desconocidos como si los conociese de toda la vida, para posteriormente acudir al autobús que nos iba a llevar Playa del Carmen.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 III


Cuando nos bajamos del autocar, sin soltar la mochila de mano, y recogimos las maletas (gracias a un fenómeno llamado Suacheneguer), vimos ante nuestros ojos lo que seria la entrada al paraíso. De primeras, nos dimos cuenta de que, tal y cómo nos habíamos imaginado no era un hotel típico de por aquí, o como los que te puedes encontrar en Benidorm. En la recepción, había una barra, que fue donde se dirigieron mis primeras miradas, ya que tenía sed. No recuerdo si finalmente consumí algo. Lo que si que recuerdo fue a Javi mareando a un recepcionista sobre la pulsera y los posibles efectos adversos que podía tener el mojarse en el agua con ella. Lo primero que hicimos fue localizar en el mapa nuestra habitación para dejar los bártulos.

Vimos el número que se indicaba en el sobre, buscamos el sitio en el mapa y allí nos dirigimos. Después de un largo recorrido contemplando la majestuosidad del complejo y aguantando el calor y el cansancio, llegamos al habitáculo. Era ya de noche, con lo que las piscinas que íbamos dejando a nuestro paso estaban desiertas. La distribución del hotel era como la de un complejo turístico a base de mini-apartamentos, y en cada uno de ellos había hasta seis habitaciones. Cuando nos disponíamos a entrar, saqué la cámara de mi añorado N73 y puse el modo “video” para grabar tan emocionante momento, pero después de todo lo que nos había pasado antes, las desdichas no iban a acabar en el Aeropuerto….

Tras muchos intentos por parte de Ramón, Javi y Juanmi, llegamos a la conclusión de que nos habían dado la llave-tarjeta equivocada, ya que no había manera alguna de abrir la puerta que nos indicaba en el sobre. Todo esto con un calor sofocante y con la ropa que llevábamos desde Valencia, de más abrigo, aparte de la presencia de mosquitos como aviones.

Visto que no podíamos entrar, Ramón se dirigió a recepción para ver que pasaba con eso. El motivo por el cual no podíamos abrir, no era la llave, sino la habitación, que no era la nuestra. El número que nos indicaba en el sobre estaba parcialmente borrado, pareciendo un 3 en lugar de un 5, que era el nuestro. Tuvimos suerte de que en esos momentos no se encontrara un zamarro 4x4 tras la puerta. De nuevo cogimos los trastos y por fin llegamos a la habitación.

La ilusión inicial se había diluido un poco tras la concatenación de los últimos desastrosos actos, sin embargo nada más entrar, lo primero que busqué fue el minibar que nos habían prometido. A primera vista, no lo encontré por ningún lado quizás por estar demasiado aturdido en esos momentos, aunque finalmente di con el. Se trataba de una nevera pequeña en la que teníamos a nuestra disposición agua, cerveza y otros refrescos. También establecimos la contraseña para la caja fuerte, y es que para moverse por el hotel, no hacía falta llevar toda la documentación y el dinero. La contraseña era bien fácil, y de hecho ni Javi ni Ramón ni yo, nos la apuntamos, simplemente la memorizamos, siendo Juanmi el único que la tenia apuntada en su móvil. Luego vino el reparto de camas, en el que me tocó bailar con la más fea, aunque realmente me daba igual ya que por la noche no me muevo mucho y las camas eran de matrimonio.

A continuación estrenamos las duchas que buena falta nos hacían, en el maravilloso baño de alli. Sin duda de lo mejor de la habitación. Una vez todos presentables, fuimos a cenar, o mejor dicho a ver que se podía cenar. Nos dimos cuenta de que para cenar en un sitio guay teníamos que reservar. A guay, me refiero a los restaurantes temáticos, todos de buffete libre (todo incluido claro está). De todas maneras teníamos un Snack Bar abierto las 24 horas con comida muy sana. Hamburguesas, perritos calientes, salsas picantes para los “doritos” de turno, etc…todo esto nos esperaba para cenar ese primer día, aderezado por unos buenos ron con cola. Habíamos sido advertidos por mucha gente acerca de los hielos y el peligro que estos tenían estomacalmente hablando, por ello en el primer cubata que me tomé los extraje todos, bebiéndome el vaso más caliente de mi vida. No lo volví a hacer más ya que nos aseguraron que eso era fuera del hotel, que dentro, el tema del agua y los hielos lo cuidaban al máximo.

Tras comprobar que el ron, no era el mismo que nos servían aquí, y tras probar los mojitos, nos preguntamos que hacer, sin embargo Ramón y Juanmi decidieron retirarse sabiamente a tiempo, y es que el día siguiente iba a ser duro de verdad. Javi y yo nos quedamos en la discoteca, que se rumoreaba que cerraba a las 3 o a las 4. Nuestro objetivo era saber cómo era y qué tipo de música ponían. La verdad es que se podría decir que era como una pista de pachanga de cualquier discoteca española, más grande de lo normal, eso si. El Dj de vez en cuando intercalaba los temas que más estaban pegando en el Reaggeton o música bisbalera con clásicos como la Bamba o el Santo Cachón.

Después de agotar nuestras energías en dicho antro, a las 2:30 decidimos retirarnos también, tras haber hecho un scaneado visual a las chavalas que venían en nuestro vuelo. A la vuelta, en la habitación vi un Juanmi que ocupaba toda la cama de matrimonio que teníamos que compartir, y al que tuve que retirar a codazos. Por fin tocaba cama en el día más largo, y además de verdad, de mi vida.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 II


Tras nuestro desplazamiento y peripecias en la T4 de Barajas, finalmente conseguimos subir al avión de Iberia que nos llevaría a Cancún. Como era de esperar el avión era “de los grandes” con tres filas de asientos, dos laterales de dos plazas y una central de cuatro. Nosotros ocupábamos cuatro de esas centrales. Durante las 11 horas que duró el vuelo, estuve flanqueado por Juanmi a mi izquierda y Javi a mi derecha. Dos tíos con conversación con los que cualquier viaje se pasa rápido. Al sentarnos intentamos descansar un poco, cosa que conseguimos en algunos instantes, pero yo al menos no lo hice durante más de media hora seguida. Antes de despegar todas las miradas estaban dirigidas a Juanmi, y es que su miedo a volar despertó nuestra curiosidad para saber cuál era su reacción. Al final se portó y no salió corriendo al mas puro estilo “Destino final”.

Una vez acoplados, eché de menos el resguardo del vuelo, que aunque no nos lo iban a pedir más tarde, a una mala viene bien tenerlo en el poder. Tras mi psicosis interna inicial y después de buscar por debajo del asiento, finalmente apareció el papelito.

Después observamos cuál seria el menú cinematográfico, con películas como “Australia” y “Mamma Mia”, así como una comedia sensiblona de Owen Wilson y Jennifer Aniston, con un perro como protagonista, llamada “Marley y yo”.

Ni que decir que no hicimos mucho caso al apartado cinematográfico, sobretodo al no ceder a comprar los auriculares de turno, cosa que si que hizo mi compañero de la izquierda. En cuanto a la comida, no recuerdo si tuvimos dos o tres, pero si recuerdo una especie de macarrones que entraron muy bien, y un café listo para ser inyectado en vena para aguantar lo que nos esperaba, que no era moco de pavo.

Entre medias dormidas, comidas y películas amenizamos el viaje de la mejor manera posible. Ramón, en cuanto podía se paseaba por el avión para estirar las piernas, Javi y yo comentábamos las revistas guarrillas adquiridas en el aeropuerto y en la estación de autobuses, un clásico de nuestros viajes juntos. Dichas revistas en ocasiones fueron prestadas a nuestras “vecinas” de avión, que sentían curiosidad por nuestras estrafalarias conversaciones.


Por otro lado, Juanmi y yo tuvimos una muy larga charla, durante casi tres horas de viaje, en la que me comentaba sus peripecias amorosas, y los dos despellejábamos vivas a algunas mujeres. Si es que, aunque parezca mentira, no siempre somos los malos de la película. Dicha charla se veía en ocasiones interrumpida por los coqueteos de dicho crack con unas chavalas de enfermería que venían también al mismo hotel, pero a las que no vimos el pelo en los días siguientes.

También las amables azafatas nos “obsequiaron” con documentación para rellenar y entregar en la aduana. Esto fue lo peor del vuelo, ya que las ganas de papeleo de tipo burocrático eran mínimas, pero había que hacerlo.


Con todo esto, puedo decir que el vuelo se hizo pesado, con cansancio acumulado de por medio, pero finalmente aterrizamos en Cancún entre aplausos. Cuando bajé del avión y encendí el móvil, vi un aviso de que la zona horaria era diferente y que la cambiara, concretamente allí eran 7 horas menos. En España eran horas intempestivas, sin duda. Al pasar por la aduana y enseñar el pasaporte, vimos que la documentación que tan cuidadosamente habíamos rellenado en el avión, se la guardaba el aduanero en el cajón de “cosas que haré luego”.


Nos quedaba una misión importantísima, que era recoger la maleta. En la cinta transportadora, Javi y yo, que habíamos precintado el macuto con un folio dentro, en el que especificaba mi nombre y mi DNI, no tuvimos problemas en recoger la maleta pronto. El siguiente fue Juanmi, pero en cuanto a la de Ramón, veíamos maletas pasar y ninguna era la suya. Tras la tensión del momento, finalmente apareció. Pero la desesperación estaba por llegar, ya que en el Aeropuerto de Cancún, al pasar las maletas por el scanner, una luz supuestamente aleatoria te indica si se abre la maleta o no. Si daba luz verde pasabas, si salía roja, al que le tocara tenía que abrirla. El colmo de la mala suerte se cebó esta vez con Ramón, que tuvo que abrir su maleta, con el consiguiente cabreo.


Una vez subsanado este lance, nos disponíamos cambiar los dólares que traíamos de casa por pesos, al menos una cantidad reseñable. Lo mejor de todo fue que Juanmi, se empecinó en llamar a su casa sin saber ni cómo ni donde, porque las tarjetas telefónicas que vendían, no sabíamos como utilizarlas allí. De hecho ni los propios mexicanos que pululaban por allí sabían de su uso, cosa que nos habían avisado para que cuando llegásemos al hotel, nos informásemos con más calma (aparte de que en España era madrugada y la familia se podía llevar un susto). Total, que salimos los últimos de ese recinto.

Nos dimos cuenta de que estábamos en Mexico en cuanto cruzamos las puertas del Aeropuerto, ya que una onda expansiva de calor y humedad nos aplastó de golpe. En Valencia, por esas fechas, hacia todavía algo de fresquillo, pero la diferencia era terrible.

A continuación nos subimos al autocar que nos conduciría al hotel, Sandos Caracol. Dicho trayecto, de unos 45 minutos, fue amenizado por un simpático monitor apodado “Tomatito”, que nos hablaba del calor y humedad del lugar, sobre los mosquitos que nos acecharían, y sobretodo de lo poco que íbamos a dormir. Lo que más me divirtió fue la entrega de pulsera en el mismo autocar, y cuando nos dieron el sobre con las llaves-tarjeta de la habitación.

La habitación la “habitábamos oficialmente”, Ramón. Javi y yo. Juanmi, al haber contratado el viaje más tarde no constaba como compañero nuestro, sino que estaba en una habitación con una pareja que no conocía de nada. El caso es que se hizo un acuerdo destrangis entre el propio Juanmi, los organizadores del viaje y la pareja de la habitación, para que éste durmiese con nosotros, y no tener que pagar más por una cama u habitación supletoria. Cuando nuestro crack del equipo, comento a la monitora del hotel esta situación (al ver que no tenía llave) nos caímos de culo, ya que esta le decía que tenia que hablar con los del hotel para que arreglasen el desaguisado (pagando una cantidad adicional, que evidentemente no íbamos a pagar nosotros tres).

Finalmente gracias a la mediación de uno de los organizadores la cosa no pasó a mayores. Cuando bajamos del autocar a las puertas del hotel, di por comenzada oficialmente nuestra aventura rivereña.

Riviera Maya 2009 I


Por primera vez voy a hablar de algo personal, una experiencia que otros tres grandes amigos y yo vivimos allá por abril de 2009 cuando fuimos a tierras mexicanas a disfrutar de sus playas, lugares y gente.

Recuerdo que a mediados de Octubre de 2008, se hizo una cena de las llamadas “destroyer” (por la gran cantidad de gente que acudía) o “notariales” (ya que también venía un gran personaje llamado Notario). En dicha cena, la organizadora de la misma, Conchín, nos comentó en el botellón a Ramón, Javi y a mí, la posibilidad de ir al viaje que se iba a celebrar en Abril a la Riviera Maya. Nos comentó el precio, las condiciones y la forma de pago. No se si ayudados por el alcohol, o porque somos de fácil consenso, nos animamos a decir que si en esos momentos. La idea parecía mas que interesante y además era una oportunidad muy buena para realizar un viaje de esa magnitud, aunque fuéramos los tres solos como únicos conocidos (el resto de viajeros eran de otra quinta).

La espera para el viaje se hizo eterna, desde que lo empezamos a pagar hasta Abril, aunque tuvimos que resolver algunos flecos como los asuntos médicos y de vacunas (la antitetánica dolía un poco una vez puesta durante un par de días). Pero sin duda el fleco mas grande, y diría que mechón, fue el que produjo el gran Juanmi. Cuando ya habíamos pagado todo el viaje, y además no quedaba ningún viajero por pagar, a nuestro genial amigo se le ocurrió la idea de ser el cuarto en discordia para viajar a Mexico. Ni que decir que para los organizadores, supuso un quebradero de cabeza el ponerse a gestionar otra plaza adicional, sin embargo todo salió bien y al final nuestro manisero favorito se vino con nosotros. A pesar de que tenia el “si quiero” de los organizadores, Juanmi tenía dudas sobre el realizar el viaje o no, y es que realmente eran muchas horas de vuelo.

De todas maneras, llegó el día clave, el 14 de Abril y allí acudimos, a la estación de autobuses de Valencia, cada uno con su familiar correspondiente, para partir rumbo a Madrid, para posteriormente coger el vuelo a Cancún. En la estación se quedó un crack como es el padre de Javi que incluso nos hizo alguna foto que otra. Antes que nada, nos repartieron los billetes, y cuando vi mi nombre mal escrito, “Gullem” en lugar de “Guillem”, me sembraron una pequeña duda que al final acabó en nada. Pero el primer traspiés no iba a ser ese, sino que lo protagonizó el autentico crack del viaje, Juanmi.

Cuando la gente ya estaba subiendo a los autobuses sus correspondientes maletas, y acomodándose para el viaje, éste se encontraba en el baño. Evidentemente no íbamos a dejarlo tirado a las primeras de cambio, pero esto nos provocó un gran inconveniente, ya que dejamos las maletas en un autocar, y como este ya estaba lleno, nos tuvimos que subir a otro diferente. Es decir que ese retraso (subimos de los últimos) hizo que pensáramos en la posibilidad de que los tres autocares no pararan en el mismo sitio en Barajas, y que tuviésemos que buscar como locos el que llevaba nuestras maletas. Pensamos mal y acertamos.

Durante el trayecto de Valencia a Madrid, no pudimos dormir apenas nada, a causa de los nervios. Yo estaba sentado entre Juanmi y Javi, dos autenticos guerreros del espacio del habla. Con semejantes fenómenos a cada lado, imposible conciliar el sueño. Hicimos una parada en Cuenca, creo, y allí nos pegaron un ligero hachazo, cosa normal en sitios de ese tipo. Alli ya empezamos a distinguir los rostros de algunos de nuestros futuros compañeros de viaje y a poner los correspondientes motes, así como establecer los primeros rankings de belleza entre las mujeres.

De vuelta al autocar y con algo de alimento en el cuerpo, el recorrido que nos quedaba se nos hizo más corto. Así que en un santiamén nos plantamos en el Aeropuerto. Como era de esperar, aunque sin duda con mala suerte de por medio, nuestro autocar, paró en un sitio diferente al de los otros (uno de tantos llevaba nuestra maleta). Nuestra cara, cuando bajamos era todo un poema, y es que seríamos de los pocos pringados del viaje en esa situación. Subiendo y bajando escaleras como unos gilipollas, preguntado a la gente que creíamos, era del viaje….total, que al final encontramos la maleta pero perdimos un año de vida por lo menos. Y es que las pequeñas decisiones (irse al baño, cuando la gente se estaba yendo al autocar y encima tardar más de lo normal) pueden tener las consecuencias más nefastas.

Un asunto que hablamos los cuatro, antes del viaje, era el del precinto de la maleta. Quedamos en que cada uno se la precintaba en su casa, como buenamente pudiese. Vistos lo precedentes era de esperar que el crack Juanmi no la llevase precintada, o la llevase mal. No nos equivocamos. Gracias al servicio que hay en Barajas, con unas máquinas para ponerles el condón de turno, nuestro amigo pudo llevar a cabo su misión. Sin embargo, nosotros nos adelantamos en facturar nuestras maletas ya que no se decidía en si poner el precinto o no. Vimos la cola tremenda para la maquina y decidimos pillar, nosotros tres, la tarjeta de embarque. Como era de esperar los asientos eran contiguos, así que al menos nos aseguramos ir los tres juntos en el avión. Más tarde, una vez resuelto el asunto maletero, pilló, no sin cierto retraso, su tarjeta de embarque el bueno de Juanmi. Durante su ausencia comentamos lo poco que pesaba mi maleta (8,9 Kg siendo el límite 20Kg), aprovechamos para hacernos algunas fotos en la T4 y hacer algunas compras.

Cuando apareció Juanmi, con todo el derecho del mundo, éste queria comprar también alguna revistilla para el trayecto, pero entre su indecisión y que apareció con retraso, como no, la llegada a la hora que tocaba se complicó. Los momentos de tensión vividos antes de llegar a la zona en la que estaban nuestros compañeros de viaje fueron frenéticos, y no solo eso sino que no se sabe cómo, el manisero se perdió de vista, seguramente intentando trastear, lo cuál hizo que nuestro nivel de cabreo rozara cotas elevadísimas. Después de una maratón terrible llegamos al punto clave, (con el tiempo justo, pero a tiempo) donde nos despediríamos de España por unos días…

jueves, 5 de noviembre de 2009

Bleach II

He aquí la segunda parte de mi entrada sobre esta magnífica serie. En la anterior, introducía el mundo en el que se desenvuelve Bleach y los tipos de personajes que nos podemos encontrar en el. Hoy hablaré un poco de los protagonistas de la historia. Al menos en el primer tramo del manga.

-Ichigo Kurosaki: Es el protagonista absoluto. Es un chaval de 15 años, con el pelo naranja (lo cual siempre ha hecho que se meta en jaleos) que habita en la ciudad de Karakura, en Japón. Vive con su padre Isshin y sus dos hermanas, que son mellizas. Su madre falleció en extrañas circunstancias cuando era pequeño. Lo que diferencia a Ichigo de la mayoría de humanos es que puede ver espíritus de la gente fallecida. Esto se debe a que posee un gran poder espiritual que hace que se pueda comunicar con estos entes. Es una persona muy seria, confiada y orgullosa, en ocasiones de carácter conflictivo y descarado, pero siente un gran aprecio por toda su familia y sus amigos, no dudando en sacrificarse por ellos.

-Rukia Kuchiki: Es una Shinigami y coprotagonista de la serie. Los Shinigami, al vivir en una dimensión diferente y tratarse de entes espirituales, envejecen a un ritmo mucho menor, por lo tanto, a pesar de que aparentemente tenga la edad aproximada de Ichigo, ha vivido muchísimos más años. Al igual que Ichigo, tiene un carácter fuerte y decidido (lo cual produce en ocasiones situaciones de tensión cómica), es astuta, lista y con un gran sentido de la justicia. Fue adoptada por una familia noble en la Sociedad de Almas, el clan Kuchiki.

-Orihime Inoue: Compañera de clase de Ichigo. Una chica pelirroja de grandes pechos (que provoca situaciones cómicas en ocasiones), con un carácter algo despistado e inocente. A lo largo de la serie, al tener contacto con Ichigo va desarrollando su propio poder espiritual, aunque su carácter inofensivo, que le impide atacar a los enemigos, le juega malas pasadas. Perdió a su hermano cuando era pequeña y vive sola.

-Yasutora Sado: Un chico alto y fuerte, de ascendencia mexicana. Al igual que Orihime, es compañero de clase de Ichigo. De carácter extremadamente reservado, serio, pero dispuesto a luchar por sus amigos. También va desarrollando su poder espiritual a lo largo de la serie, sacando partido a una enorme potencia fisica. Fue criado por su abuelo, el cuál le dio una moneda que tiene un gran valor para el.

-Uryu Ishida: Compañero de clase de Ichigo, Orihime y Sado, aunque pasa más desapercibido. Desarrolla una grán rivalidad con Ichigo una vez este se transforma en Shinigami. Posee un gran poder espiritual, que le permite tambien comunicarse con espíritus, sin embargo el pertenece a otra raza, los Quincy, que fueron eliminados por los Shinigamis mucho tiempo atrás, ya que suponían un peligro para el mundo. A pesar de su rivalidad, establece una gran amistad con todos los protagonistas.

-Kisuke Urahara: Se trata de un extravagante tendero, de carácter pasota y depreocupado que al parecer tiene alguna relación con la Sociedad de Almas, ya que es la que le suministra a Rukia un cuerpo fisico, identico al que tiene como Shinigami, para poder hacer las misiones en el mundo real. Suele vestir un kimono verde con un sombrero verdiblanco. Más adelante se revelará quién es en realidad Kisuke Urahara.

-Kon: En la Sociedad de Almas se crearon una serie de almas, que se transformaron en una especie de píldora, y que al meterlas en un cuerpo inanimado, tomaban conciencia. Algunas de estas almas tenian poderes especiales y otras estaban defectuosas (las llamadas almas modificadas). Kon es un alma modificada, con poderes especiales en las piernas, pero de un carácter muy pervertido y aventurero. Se introdujo en un oso de peluche y desde entonces vive con Ichigo.