domingo, 8 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 I


Por primera vez voy a hablar de algo personal, una experiencia que otros tres grandes amigos y yo vivimos allá por abril de 2009 cuando fuimos a tierras mexicanas a disfrutar de sus playas, lugares y gente.

Recuerdo que a mediados de Octubre de 2008, se hizo una cena de las llamadas “destroyer” (por la gran cantidad de gente que acudía) o “notariales” (ya que también venía un gran personaje llamado Notario). En dicha cena, la organizadora de la misma, Conchín, nos comentó en el botellón a Ramón, Javi y a mí, la posibilidad de ir al viaje que se iba a celebrar en Abril a la Riviera Maya. Nos comentó el precio, las condiciones y la forma de pago. No se si ayudados por el alcohol, o porque somos de fácil consenso, nos animamos a decir que si en esos momentos. La idea parecía mas que interesante y además era una oportunidad muy buena para realizar un viaje de esa magnitud, aunque fuéramos los tres solos como únicos conocidos (el resto de viajeros eran de otra quinta).

La espera para el viaje se hizo eterna, desde que lo empezamos a pagar hasta Abril, aunque tuvimos que resolver algunos flecos como los asuntos médicos y de vacunas (la antitetánica dolía un poco una vez puesta durante un par de días). Pero sin duda el fleco mas grande, y diría que mechón, fue el que produjo el gran Juanmi. Cuando ya habíamos pagado todo el viaje, y además no quedaba ningún viajero por pagar, a nuestro genial amigo se le ocurrió la idea de ser el cuarto en discordia para viajar a Mexico. Ni que decir que para los organizadores, supuso un quebradero de cabeza el ponerse a gestionar otra plaza adicional, sin embargo todo salió bien y al final nuestro manisero favorito se vino con nosotros. A pesar de que tenia el “si quiero” de los organizadores, Juanmi tenía dudas sobre el realizar el viaje o no, y es que realmente eran muchas horas de vuelo.

De todas maneras, llegó el día clave, el 14 de Abril y allí acudimos, a la estación de autobuses de Valencia, cada uno con su familiar correspondiente, para partir rumbo a Madrid, para posteriormente coger el vuelo a Cancún. En la estación se quedó un crack como es el padre de Javi que incluso nos hizo alguna foto que otra. Antes que nada, nos repartieron los billetes, y cuando vi mi nombre mal escrito, “Gullem” en lugar de “Guillem”, me sembraron una pequeña duda que al final acabó en nada. Pero el primer traspiés no iba a ser ese, sino que lo protagonizó el autentico crack del viaje, Juanmi.

Cuando la gente ya estaba subiendo a los autobuses sus correspondientes maletas, y acomodándose para el viaje, éste se encontraba en el baño. Evidentemente no íbamos a dejarlo tirado a las primeras de cambio, pero esto nos provocó un gran inconveniente, ya que dejamos las maletas en un autocar, y como este ya estaba lleno, nos tuvimos que subir a otro diferente. Es decir que ese retraso (subimos de los últimos) hizo que pensáramos en la posibilidad de que los tres autocares no pararan en el mismo sitio en Barajas, y que tuviésemos que buscar como locos el que llevaba nuestras maletas. Pensamos mal y acertamos.

Durante el trayecto de Valencia a Madrid, no pudimos dormir apenas nada, a causa de los nervios. Yo estaba sentado entre Juanmi y Javi, dos autenticos guerreros del espacio del habla. Con semejantes fenómenos a cada lado, imposible conciliar el sueño. Hicimos una parada en Cuenca, creo, y allí nos pegaron un ligero hachazo, cosa normal en sitios de ese tipo. Alli ya empezamos a distinguir los rostros de algunos de nuestros futuros compañeros de viaje y a poner los correspondientes motes, así como establecer los primeros rankings de belleza entre las mujeres.

De vuelta al autocar y con algo de alimento en el cuerpo, el recorrido que nos quedaba se nos hizo más corto. Así que en un santiamén nos plantamos en el Aeropuerto. Como era de esperar, aunque sin duda con mala suerte de por medio, nuestro autocar, paró en un sitio diferente al de los otros (uno de tantos llevaba nuestra maleta). Nuestra cara, cuando bajamos era todo un poema, y es que seríamos de los pocos pringados del viaje en esa situación. Subiendo y bajando escaleras como unos gilipollas, preguntado a la gente que creíamos, era del viaje….total, que al final encontramos la maleta pero perdimos un año de vida por lo menos. Y es que las pequeñas decisiones (irse al baño, cuando la gente se estaba yendo al autocar y encima tardar más de lo normal) pueden tener las consecuencias más nefastas.

Un asunto que hablamos los cuatro, antes del viaje, era el del precinto de la maleta. Quedamos en que cada uno se la precintaba en su casa, como buenamente pudiese. Vistos lo precedentes era de esperar que el crack Juanmi no la llevase precintada, o la llevase mal. No nos equivocamos. Gracias al servicio que hay en Barajas, con unas máquinas para ponerles el condón de turno, nuestro amigo pudo llevar a cabo su misión. Sin embargo, nosotros nos adelantamos en facturar nuestras maletas ya que no se decidía en si poner el precinto o no. Vimos la cola tremenda para la maquina y decidimos pillar, nosotros tres, la tarjeta de embarque. Como era de esperar los asientos eran contiguos, así que al menos nos aseguramos ir los tres juntos en el avión. Más tarde, una vez resuelto el asunto maletero, pilló, no sin cierto retraso, su tarjeta de embarque el bueno de Juanmi. Durante su ausencia comentamos lo poco que pesaba mi maleta (8,9 Kg siendo el límite 20Kg), aprovechamos para hacernos algunas fotos en la T4 y hacer algunas compras.

Cuando apareció Juanmi, con todo el derecho del mundo, éste queria comprar también alguna revistilla para el trayecto, pero entre su indecisión y que apareció con retraso, como no, la llegada a la hora que tocaba se complicó. Los momentos de tensión vividos antes de llegar a la zona en la que estaban nuestros compañeros de viaje fueron frenéticos, y no solo eso sino que no se sabe cómo, el manisero se perdió de vista, seguramente intentando trastear, lo cuál hizo que nuestro nivel de cabreo rozara cotas elevadísimas. Después de una maratón terrible llegamos al punto clave, (con el tiempo justo, pero a tiempo) donde nos despediríamos de España por unos días…

1 comentario:

  1. Es que el bueno de juanmi es un crack. Me muero por que continues con la historia y cuentes las demás anecdotas de ese viaje, que según eustrakio son muchas y seguro que con lo bueno que es juanmi son buenísimas.

    Me he partido cosa mala leyendolo; y eso que únicamente es el principio. El blog te ha quedado muy guapo. Pero te recuerdo, que a parte de esta historia, tienes aún varias por terminar (como por ejemplo la del pagafantas, que tienes que hacer la versión del "cobrafantas".)

    Un saludo de tu amigo
    Superhyoga

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