lunes, 9 de noviembre de 2009

Riviera Maya 2009 III


Cuando nos bajamos del autocar, sin soltar la mochila de mano, y recogimos las maletas (gracias a un fenómeno llamado Suacheneguer), vimos ante nuestros ojos lo que seria la entrada al paraíso. De primeras, nos dimos cuenta de que, tal y cómo nos habíamos imaginado no era un hotel típico de por aquí, o como los que te puedes encontrar en Benidorm. En la recepción, había una barra, que fue donde se dirigieron mis primeras miradas, ya que tenía sed. No recuerdo si finalmente consumí algo. Lo que si que recuerdo fue a Javi mareando a un recepcionista sobre la pulsera y los posibles efectos adversos que podía tener el mojarse en el agua con ella. Lo primero que hicimos fue localizar en el mapa nuestra habitación para dejar los bártulos.

Vimos el número que se indicaba en el sobre, buscamos el sitio en el mapa y allí nos dirigimos. Después de un largo recorrido contemplando la majestuosidad del complejo y aguantando el calor y el cansancio, llegamos al habitáculo. Era ya de noche, con lo que las piscinas que íbamos dejando a nuestro paso estaban desiertas. La distribución del hotel era como la de un complejo turístico a base de mini-apartamentos, y en cada uno de ellos había hasta seis habitaciones. Cuando nos disponíamos a entrar, saqué la cámara de mi añorado N73 y puse el modo “video” para grabar tan emocionante momento, pero después de todo lo que nos había pasado antes, las desdichas no iban a acabar en el Aeropuerto….

Tras muchos intentos por parte de Ramón, Javi y Juanmi, llegamos a la conclusión de que nos habían dado la llave-tarjeta equivocada, ya que no había manera alguna de abrir la puerta que nos indicaba en el sobre. Todo esto con un calor sofocante y con la ropa que llevábamos desde Valencia, de más abrigo, aparte de la presencia de mosquitos como aviones.

Visto que no podíamos entrar, Ramón se dirigió a recepción para ver que pasaba con eso. El motivo por el cual no podíamos abrir, no era la llave, sino la habitación, que no era la nuestra. El número que nos indicaba en el sobre estaba parcialmente borrado, pareciendo un 3 en lugar de un 5, que era el nuestro. Tuvimos suerte de que en esos momentos no se encontrara un zamarro 4x4 tras la puerta. De nuevo cogimos los trastos y por fin llegamos a la habitación.

La ilusión inicial se había diluido un poco tras la concatenación de los últimos desastrosos actos, sin embargo nada más entrar, lo primero que busqué fue el minibar que nos habían prometido. A primera vista, no lo encontré por ningún lado quizás por estar demasiado aturdido en esos momentos, aunque finalmente di con el. Se trataba de una nevera pequeña en la que teníamos a nuestra disposición agua, cerveza y otros refrescos. También establecimos la contraseña para la caja fuerte, y es que para moverse por el hotel, no hacía falta llevar toda la documentación y el dinero. La contraseña era bien fácil, y de hecho ni Javi ni Ramón ni yo, nos la apuntamos, simplemente la memorizamos, siendo Juanmi el único que la tenia apuntada en su móvil. Luego vino el reparto de camas, en el que me tocó bailar con la más fea, aunque realmente me daba igual ya que por la noche no me muevo mucho y las camas eran de matrimonio.

A continuación estrenamos las duchas que buena falta nos hacían, en el maravilloso baño de alli. Sin duda de lo mejor de la habitación. Una vez todos presentables, fuimos a cenar, o mejor dicho a ver que se podía cenar. Nos dimos cuenta de que para cenar en un sitio guay teníamos que reservar. A guay, me refiero a los restaurantes temáticos, todos de buffete libre (todo incluido claro está). De todas maneras teníamos un Snack Bar abierto las 24 horas con comida muy sana. Hamburguesas, perritos calientes, salsas picantes para los “doritos” de turno, etc…todo esto nos esperaba para cenar ese primer día, aderezado por unos buenos ron con cola. Habíamos sido advertidos por mucha gente acerca de los hielos y el peligro que estos tenían estomacalmente hablando, por ello en el primer cubata que me tomé los extraje todos, bebiéndome el vaso más caliente de mi vida. No lo volví a hacer más ya que nos aseguraron que eso era fuera del hotel, que dentro, el tema del agua y los hielos lo cuidaban al máximo.

Tras comprobar que el ron, no era el mismo que nos servían aquí, y tras probar los mojitos, nos preguntamos que hacer, sin embargo Ramón y Juanmi decidieron retirarse sabiamente a tiempo, y es que el día siguiente iba a ser duro de verdad. Javi y yo nos quedamos en la discoteca, que se rumoreaba que cerraba a las 3 o a las 4. Nuestro objetivo era saber cómo era y qué tipo de música ponían. La verdad es que se podría decir que era como una pista de pachanga de cualquier discoteca española, más grande de lo normal, eso si. El Dj de vez en cuando intercalaba los temas que más estaban pegando en el Reaggeton o música bisbalera con clásicos como la Bamba o el Santo Cachón.

Después de agotar nuestras energías en dicho antro, a las 2:30 decidimos retirarnos también, tras haber hecho un scaneado visual a las chavalas que venían en nuestro vuelo. A la vuelta, en la habitación vi un Juanmi que ocupaba toda la cama de matrimonio que teníamos que compartir, y al que tuve que retirar a codazos. Por fin tocaba cama en el día más largo, y además de verdad, de mi vida.

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