

Cuando nos tocó el turno y una vez visto que el precio de las excursiones era, efectivamente, más bajo que en el hotel, procedimos a la contratación y al pago. Hay que decir que la agencia consistía en un local bastante pequeño, de unos 30 metros cuadrados, y para contratar, tenían montado en la calle un chiringuito, como el del típico vendedor de perros calientes, sin caja, ni nada por el estilo. La verdad es que si no fuera porque los organizadores nos habían dicho que era de confianza, tenía un tufazo a timo tremendo. En cambio, la cutrez del sitio nos favoreció, ya que contratamos dos excursiones cada uno (Chichen Itza y Coba), por cuatro que éramos, un total de ocho pagos los que teníamos que hacer. Empezamos a hacer cuentas y a ir pagando los viajes.
El tendero nos dio los resguardos de los viajes pagados, en el que se especificaba la hora a la que pasarían a recogernos. Sin embargo, con todos los resguardos en nuestro poder, y habiendo pagado sólo tres de nosotros, Ramón, hábilmente le dijo al tendero que ya estaba todo, a lo que el del chiringuito nos dijo que si. En definitiva que contratamos las excursiones para los cuatro, pero en realidad habíamos pagado como si fuéramos tres los excursionistas. Un “cuatro por tres” que nos benefició a todos, ya que tuvimos las excursiones, posiblemente, más baratas que nadie. Y es que, con tanto barullo de gente, sin caja registradora, y con un calor infernal, normal que el propietario de la agencia estuviese confundido cual Dinio.

Como vino tanta gente a contratar el viaje a esa agencia, con la consiguiente cola milenaria, y el autocar que nos había llevado a Playa del Carmen ya se había ido, teníamos que llamar a un Taxi para volver. No nos costó encontrar uno, ya que al ser una zona turística, abundaban. Lo que más me llamó la atención fue que no llevaban taxímetro, con lo que te podían cobrar lo que les diese la gana. Aunque fuimos avisados de que al subirse al taxi de turno, teníamos que acordar el precio, finalmente no lo hicimos quizás por lo contentos que estábamos tras el “cuatro por tres”. Durante el trayecto vimos el Coco Bongo, al que iríamos unos días más tarde, y el estilo de residencias de la ciudad, con casas muy pobres en contraste con chaletazos de alto standing. Me recordaba a los barrios marginales de Los Ángeles en algunas películas.

El taxista, muy joven, no nos dirigió palabra, pero si que nos puso música reggetonera y de estilo latino, que no conocíamos por estos lares, en la que se hacía referencia a un chico que no le cogía el “celular” a la chica, o viceversa. A la llegada al hotel, pagamos 10$ al taxista, un precio más que razonable, teniendo en cuenta que igual en Valencia nos hubiesen clavado unos 15€.
A lo largo del día, habíamos sido avisados de que a la noche nos iban a hacer una “Fiesta Blanca” de bienvenida para nosotros. Realmente antes de partir de viaje, lo habíamos tenido en cuenta, y trajimos ropa para la ocasión. Lo que no sabíamos era el día en que se celebraba. Llegamos al hotel, nos duchamos y aseamos, pero mientras Ramón estaba en la ducha, y Javi y yo nos estábamos afeitando, escuché que Juanmi llamaba a Javi. Poco antes de esto, también oía el ruido de las teclas de la caja fuerte, pero no asociaba dicho sonido, más continuado, al de pulsar una simple tecla. Me temí lo peor. Cuando Javi fue a ver que era lo que quería Juanmi, se confirmaron todas las sospechas: El único que tenía la clave de la caja fuerte apuntada, puso mal el código. Además para que se bloqueara, había que poner el código tres veces mal, cosa que pasó esta vez.
La caja se quedaría bloqueada durante 30 minutos, pero necesitábamos dejar la documentación antes de que pasara esa media hora, ya que teníamos que acudir a la Fiesta Blanca. No recuerdo si esa misma tarde-noche u otra, el crack de Manisses también había hecho de las suyas, perdiendo la llave del candado de su maleta. Con lo que tuvo que avisar a un operario del hotel para que acudiera con una cizaña y procediese a destruir el candado. Lo de la caja enfureció de tal manera, y con razón, a Ramón, que se escuchaban los gritos desde la ducha y su famosa frase “eres cuomo tonto pero sin la u”.

Para rematar la faena, mientras yo disfrutaba de una minisiesta, vino el operario para abrir la caja fuerte, y tal y como nos habían comentado, las propinas estaban a la orden del día. El currante, se quedó allí comentando que era muy tarde para ellos, cuando en realidad quería decir “dadme la propina por favor”. Juanmi que era el protagonista del desaguisado, en esos momentos no disponía de caudal monetario para dar propina al chico, cosa que tuvo que hacer Javi en su lugar.
Finalmente acudimos la Fiesta Blanca, de blanco por supuesto. Era en la playa y a pesar de ir en sandalias, la arena era tan fina que no se pegaba a los pies. A la hora de cenar fue un poco caótico ya que en las zonas en las que podíamos sentarnos estábamos demasiado a oscuras, y además yo no tenía el estómago para muchos manjares, después de la bomba atómica del mediodía. La música era la “Typical spanish” de pachanga, aunque también con algunos temas que pegaban por aquella época. La temperatura era muy agradable, con calor, pero no tan asfixiante como durante el día.

Para subsanar su actuación de hacía unos momentos, Juanmi nos dedicó la canción de la Conga, que habíamos comentado en diversas ocasiones. También nos deleito con su exhibición de trasteo, alargando su garra de Gen-an (personaje de Samurai Showdown que posee una zarpa enorme al estilo Freddy Krugger) a todas las chicas que encontraba a su paso con el objetivo de entablar al menos conversación.

De vez en cuando íbamos a sentarnos en los enormes sillones de mimbres de la antesala de la piscina-playa con su música salsera, y cuando todo el pescado estaba vendido fuimos a descansar, ya que el día había sido de lo más completo.
¿Cómo has podido olvidarte de que Juanmi nos deleito con su faceta de Torero antes nunca vista, a cargo de la popular cancion de chayanne.?
ResponderEliminarAdemás lo de la caja fuerte y lo de perder la llave del candado de la maleta, esta confirmado que fue el mismo dia.
Una duda, ¿Como no le comprasteis algún medicamento a Juanmi para la memoria / alzeimer antes de salir para allí?. Le hace mucha, mucha falta...
Y eso que javi aviso reiteradas veces el no poner candaos en la maleta, por si se perdian las llaves. Evidentemente, ¿a quien le tenía que pasar? Al crack del viaje.
Bien pensado, sin él y sus anécdotas, esta aventura rivereña del blog sería aburridísima.
Eustrakio y Superhyoga
La verdad es que nos vino bien que viniese el viaje para amenizarlo. porque nos lo hubiesemos pasado bien igual, pero quizas no tendriamos tantas anecdotas cachondas para contar. Ahora añado lo de la camiseta, que eso se salio tambien. e omitido detalles de sus trasteos y de la guerra que nos dio en la propia fiesta blanca.
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